Opinión

Y a ti, ¿cómo te enseñaron a amar y a saber cómo es el amor?

El amor no debe significar posesión, causar dolor, ser perfecto, celar ni hacerte sentir menos

En este marco de la celebración del 14 de febrero como el Día de San Valentín o el Día de Amor, es el momento perfecto para reflexionar sobre cuáles son las formas de amor tradicionales y qué llegamos a tener (y mantener), que inclusive te pueden empujar a justificar las relaciones tóxicas de pareja y la violencia.

Cuando se entra en la temática del amor, desde el principio parece ser difícil definirse, pues se dice que es un sentimiento de afecto hacia una persona o cosa, a la que se le desea todo lo bueno. Otras definiciones agregan que se le suma una intensa atracción emocional y sexual hacia alguien, y que puede ser muy breve o duradero. Y a su vez puede expresarse de muchas manera y existen diferentes tipos de relaciones.

Aunque es algo que está muy presente en nuestras vidas, desde que nos toca ver juntas a parejas que forman familias, que se besan por la calle o a la que podemos tener nosotras mismas, no es algo de lo que se hable tan abiertamente, con toda la información y respuestas al alcance, o se tenga bien establecido.

Personalmente, creo que no se habla tanto del amor de pareja, por lo mismo que no se habla de educación sexual: faltan respuestas y da pena explicar. Pero un buen motivo para hablar de amor es establecer (por lo menos) lo que no es, y cuando estos sentimientos intensos pueden terminar convirtiéndose en violencia que daña a las personas y nadie desea. Con el fin de que a través de esta información podamos tener cada vez más y mejor relaciones sanas.

La dependencia y el control tampoco son amor

La mejor manera de hacerlo es comenzando a desmentir los mitos del amor que hemos escuchado toda la vida, y que, desgraciadamente, ayudan a que durante las relaciones las personas aguanten maltrato físico, psicológico y verbal, porque a fin de cuentas el amor «todo lo puede y todo lo supera». Aunque eso implique convertirte en víctima de violencia.

Desgraciadamente, quienes somos más educadas bajo esta ideología somos las mujeres (y luego la gente se pregunta por qué hay tantas mujeres viviendo con su agresor, y otras tantas que son asesinadas por su pareja).

Otro de los mitos del amor romántico (como ha sido categorizado por esta tendencia de romantizar todo, hasta la violencia) es que la pareja te pertenece y que los celos son una muestra de cuánto nos quiere la otra persona o cuánto le queremos.

Pero no es así, pues es lo que lleva a justificar luego situaciones como «la maté porque si no es mía no puede ser de nadie más» o «no puedes salir con tus amiguitas porque eres mío», «no te vistas así porque luego otras personas se van a enamorar de ti». Y estas últimas dos conllevan querer ejercer un control sobre la otras persona.

Imagen tomada de «El amor no duele».

Este tipo de control sobre cómo se viste, con quién habla, con quién sale y qué hace, limita directamente sus derechos sexuales y reproductivos. Pues cada persona tiene el derecho de elegir con quien se relaciona, cómo se viste y cómo decide expresarse, ya que forma parte de la sexualidad.

¿Y cómo es el amor saludable?

Dentro de un amor más o menos decente donde no corre riesgo tu integridad ni salud, vas a poder encontrar límites. Donde se marquen los espacios permitidos para cada quien y no se siga a esta idea de hacer todo por la otra persona, porque al hacer eso las personas dejan de intentar cosas que les gustan, renuncian a sí mismas y soportan no valorarse antes que a su pareja. Algo que es fundamental, se necesita estar bien primero, antes que con todos.

Y también, una característica que puede sonar algo graciosa sobre un amor saludable es que es democrático. Es decir, que entre la pareja se pueden llegar a acuerdos que beneficien a ambos a través de un proceso de negociación, porque por más intenso que sea el enamoramiento es imposible estar de acuerdo con una persona siempre.

Y en una relación sana no se hace lo que dice quien ejerza más poder o quien chantajea con enojarse o irse si no se hace lo que pide, sino se busca un acuerdo que deje satisfechas a las dos partes. El amor no es sacrificio, no es dejar de hacer lo que se quiere para hacer lo que la otra persona dice que se haga.

Para cerrar esta reflexión invito a las personas a analizar cómo se les ha enseñado a amar, a pensar cómo es su propia experiencia de pareja si es que se tiene, cómo ha sido experiencias ya vividas y cómo les gustaría que fuera la siguiente. Y deseo particularmente que sea libre de violencia, con acuerdos y mucho amor.



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