Chihuahua

Derecho de educación, el reto de multuculturalidad 773 mil infantes jornaleros en Chihuahua

En el Ejido de Hidalgo, municipio de Nuevo Casas Grandes se estableció el albergue escuela para atender a los infantes hijos e hijas de jornaleros agrícolas en edad escolar, donde el mayor reto es la multiculturalidad y diferencia de lenguas maternas de los infantes que en su mayoría no hablan español.

El caso particular del albergue para jornaleros agrícolas ubicado en Ejido Hidalgo, en el municipio de Nuevo Casas Grandes es una muestra de multiculturalidad e inserción de grupos diversos en las comunidades del noroeste del estado. A través de SEDESOL y en conjunción con el Gobierno Municipal, este espacio ofrece vivienda a aproximadamente 130 personas en la actualidad, migrantes primordialmente de los estados de Guerrero, Oaxaca y el Estado de México.

La gran mayoría de los jornaleros encontrados en este albergue provienen de alguna de las etnias de los estados mencionados, un gran número de ellos no hablan español, además de tener diferentes usos y costumbres que en múltiples ocasiones chocan con los modos de vida de las comunidades a las cuales llegan a insertarse. El objetivo del programa para jornaleros agrícolas se encuentra orientado a erradicar el trabajo infantil y brindar un espacio para los infantes  mientras sus padres laboran en el campo.

En este albergue además de brindarles hospedaje, se les provee a los niños de educación y alimentos; durante la mañana, mientras los adultos se encuentran en la jornada laboral, los niños acuden a un aula en la cual se les imparte educación básica consistiendo en el mayor obstáculo la diversidad de lenguas habladas por los hijos de jornaleros, quienes al provenir de diferentes estados de la república y de una variedad de etnias no coinciden en su lengua materna y en gran medida desconocen el español.

Si bien la mayoría de los jornaleros provienen de comunidades fuera de nuestro estado, también hay un número considerable de trabajadores raramurís que a decir de quienes colaboran en el albergue y conviven diariamente con ellos se muestran renuentes a vincularse con otros grupos e incluso prefieren buscar vivienda lejos del albergue a verse en la necesidad de establecer nexos con el resto de los jornaleros.

Al buscar establecer un ambiente sano  dentro del albergue, este maneja una normatividad básica entre la cual piden a los trabajadores no llegar alcoholizados, ni consumir bebidas alcohólicas en el mismo, además de existir vigilancia permanente para evitar cualquier tipo de conflicto. Estas reglas suelen desalentar a algunos migrantes que prefieren vivir en condiciones más precarias y difíciles sin estar sujetos a ciertas normas, a esto se le suma que los productores en ocasiones evitan que sus trabajadores acudan a este lugar por temor a verse obligados a brindar servicios de salud o prestaciones.

Las familias de jornaleros que hacen uso del albergue tienen acceso una pequeña cocina, con una parrilla y agua potable, baños comunitarios y un lugar donde lavar la ropa, no obstante suelen preferir cocinar al aire libre y prescindir de algunos servicios, retomando las costumbres arraigadas en sus comunidades de origen. Además se les ofrece permanente monitoreo de salud y platicas acerca de salud anticonceptiva, así como una tarjeta mediante la cual acceden a un padrón oficial a través de cual SEDESOL proporciona medios de transporte al terminar los meses de la jornada de trabajo, y así lograr movilizarse de un estado a otro.

Estos espacios no son los únicos que se han abierto para responder a las necesidades de una población cada vez más creciente, algunos de los productores acondicionan lugares para recibir a los jornaleros el tiempo que se establezcan a trabajar en sus campos; a pesar de los esfuerzos que se continúan haciendo para incluir a la población de migrantes en las comunidades y acercar a ellos opciones de vivienda, salud y educación más dignas sigue existiendo negación e invisibilidad hacia estos grupos. Aunque constantemente observamos migrantes comprando alimentos, o deambulando por las calles seguimos tratándolos con indiferencia, en el mejor de los casos, o negando su introducción a nuestra sociedad; la discriminación y mal trato es una constante para  quienes acuden a trabajar temporalmente no solo al noroeste sino a todo el estado. Aún estamos lejos de la inclusión, mientras continuemos aceptando a los migrantes como simple mano de obra y no como seres humanos que vienen a sumarse a la dinámica de nuestras comunidades, desde una perspectiva multicultural.



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