Opinión

Elecciones clientelares

En tanto la política continúe considerándose por los partidos políticos un negocio, el sistema electoral mexicano se mantendrá como lo que actualmente es para los candidatos a puestos de elección popular: un mercado político.

Desde el inicio de las precampañas, aspirantes a la Presidencia de la República han tratado a sus potenciales votantes, como clientes y al voto como una mercancía mas.

Sus ofertas políticas no están orientadas a atender la deplorable problemática social que día a día encaramos los ciudadanos, sino a construir una percepción pública que les haga competitivos, aunque no se ajuste a la realidad.

La competencia electoral se sustenta no en el análisis y debate de la situación que vive el país y mucho menos en programas de gobierno y proyectos de nación, como se supone debe ocurrir en una contienda abierta a los ciudadanos, transparente, legal y democrática.

Lo que les interesa es posicionar su marca (partido y/o coalición) y sus  productos (candidatos) como los mejores, los más capacitados, eficientes, honestos, entrones y hasta los  más “machos”. Por supuesto. Cada partido y/o coalición tiene su propia clientela y por tanto su propia mercadotecnia político-electoral.

El PRI es experto en administrar la pobreza de la sociedad que es la fuente del voto útil que durante décadas les ha dado resultados positivos en el mercado electoral. Los pobres y marginados son clientes cautivos que le aportan una gran cantidad de votos.

Por eso, recurren en toda elección a la entrega de despensas alimentarias, sacos de cemento, cobijas y hasta tarjetas de consumo en tiendas de autoservicio, en las zonas urbanas y rurales marginadas, que desde luego, son financiadas con dinero del erario público.

El PAN por su parte enfoca su mercadotécnica electoral– salvo raras excepciones– a administrar la riqueza y los recursos públicos en beneficio de la iniciativa privada, el libre mercado y beneficio personal. Como bien lo dijo el ex presidente nacional de ese partido Germán Martínez en su renuncia: “El PAN dejó de ser socialmente útil y se convirtió en un vergonzoso adicto al presupuesto público y al deleite del confort de las oficinas gubernamentales”.

Morena es harina de otro costal. Ellos, buscan administrar el descontento social  y la esperanza,  según la han proclamado en su slogan publicitario. Ofrece  un cambio de régimen, aunque no dicen que tipo de cambio proponen. Cuentan con la ventaja de ser primerizos electorales — como partido/movimiento, pues AMLO ya ha contendido en varias campañas– y por tanto, no  se les vincula al actual sistema político o como diría AMLO, con “la mafia del poder”.

Los partidos y sus candidatos deberían saber que si bien es cierto que la mercadotécnica  les útil para moldear y modular la percepción pública, la realidad habla por sí misma y puede manipularse, pero nunca esfumarse. No se confundan.



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