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Humanos modificados, retos de la bioética

El filósofo David Hernández propone una redefinición del término prótesis y el uso en su lugar de la palabra órtesis

Cuando hablamos de tecnología, por lo regular viene a nuestra mente aparatos como celulares, tabletas, computadoras, automóviles, pero pocas veces pensamos en cuñas, piedras usadas como herramientas o de manera percusiva o huesos tallados de forma afilada que en algún momento, fueron utilizados para cortar carne. Y no es que esté mal pensar en aparatos electrónicos como uno de los significados de la tecnología, el problema es que pocas veces pensamos en los inicios de ésta.

El filósofo David Arturo Hernández Vega hace una reflexión filosófica, abordando a diferentes pensadores, en su mayoría latinoamericanos, donde se afirma que uno de los temas primordiales de la bioética, es la categorización de los humanos modificados.

De hecho, las tecnologías no sólo son usadas por los humanos, sino que es tal la relación con ellas que un objeto tecnológico puede llegar a incorporarse en la persona. Esta idea fue expuesta por Jorge Linares, catedrático de la UNAM.

Aparatos como el celular, nos hacen estar cada vez más cerca de ser ciborg

Por ello, se puede decir que vivimos en una tecnosfera, pues nuestra relación con la tecnología es tal, que vivimos rodeados de elementos tecnológicos y los hacemos parte de nuestras vidas de alguna manera, ya sea usándolos o como una extensión de nuestro cuerpo. Es difícil que en la actualidad alguna persona no esté ligada a algún aparato tecnológico o que pudiera no necesitar de ellos. Elementos como el celular, se han convertido en una extensión de nuestra memoria y difícilmente podríamos realizar algunas actividades si no tenemos el celular para poder consultarlo.

Las formas de existencia de la sociedad actual con todos los artefactos que podemos usar e incorporamos a nuestras vidas, se vuelve más orgánica, más natural, no solo por cómo los usamos, sino también por la manera en la que interactuamos con ellos. Hernández afirma que estas son las nuevas relaciones que vamos armando con y en el mundo.

En el área de la medicina, el término prótesis es de un uso común y se refiere a la reparación o sustitución de un órgano o parte corporal dañada o ausente. A quienes no practicamos la medicina, al oír la palabra prótesis lo primero en lo que pensamos es un una pierna o un brazo hecho de materiales que le permitan al usuario sustituir estética o funcionalmente estas extremidades.

La memoria biológica y la memoria tecnológica no son diferentes pues ambas nos permiten interactuar en y con el mundo

David Hernández expone en su trabajo una propuesta, lo que nosotros conocemos como prótesis debe de ser llamado órtesis pues según sus raíces griegas, ortho se refiere a lo correcto y paideia es educación o formación. Con esto podemos deducir que las órtesis son quienes vienen a corregir o a permitir el buen funcionamiento de alguna parte del cuerpo. Algunos ejemplos puede ser una cadera de titanio, una rodilla hecha de fusiones metálicas o incluso unos anteojos, pues quien los necesita le corrigen su deficiencia corporal y le permiten observar correctamente.

En el texto, La mente extendida de Andy Clark y David Chalmers, exponen que no todos los procesos cognitivos se dan dentro del cerebro y para demostrarlo ponen un ejemplo: Ana y Joe. Ana es una persona que necesita llegar al museo, para hacerlo, ella simplemente recuerda el lugar, la dirección y la manera de llegar, sin embargo Joe es una persona con Alzheimer. Joe no puede recordar dónde está el museo ni cómo llegar a el, por lo que utiliza su Ipad y con un proceso externo a su cabeza logra llegar al museo. Clark y Chalmers proponen que ambas memorias, la biológica y la tecnológica, no son diferentes, pues sólo se utilizan métodos diferentes para el mismo resultado.

Sin embargo esta interacción no es sólo entre personas que tienen alguna deficiencia mental, Clark propone que en potencia todos somos seres tecnológicos, él los llama ciborg desnudo, que con el tiempo va incorporando a su vida el uso de tecnología hasta el punto de ser simbiontes (que se complementan entre sí), entonces es cuando el pensamiento y el razonamiento se distribuyen entre el cerebro biológico y los circuitos no biológicos (tecnología externa).

Los límites que deben tener los elementos externos es cuando llegamos a temas como la inmortalidad, las implicaciones sociales que pueda tener, la brecha económica se ampliaría, las implicaciones ecológicas como la sobrepoblación, con falta de alimentos, servicios. Por eso los avances tecnológicos no son buenos ni malos, sino que esto depende del uso que se les dé. Por ejemplo el uso de exoesqueletos en el área de la medicina, permite a los profesionales de la salud realizar más tareas con un desgaste menor, sin embargo esos mismos exoesqueletos usados en la milicia, permiten que los soldados recorran más distancias, puedan cargar más equipo y resistir más cualquier ataque.

Los avances tecnológicos deben de ser analizados de manera individual. Por ejemplo la tendencia de “niños a la carta” en dónde sería posible elegir características deseables, desde físicas hasta psicológicas, lo cual podría tener consecuencias de superioridad, mientras que las personas que carecen de esta tecnología podrían sentirse sesgadas

Para finalizar David Hernández propone hacer una teleología de la condición humana en donde nos preguntemos hacia dónde se pretende llegar con lo que se hace en el área de la modificación humana pues no hay que perder de vista que somos entes biosicosociales donde las realidades que experimentamos (cuerpo, psique, y sociedad) se encuentren de la manera más equilibrada posible. Es la prudencia la que nos permite llegar al punto virtuoso del punto medio, en  la práctica médica, el uso de la prudencia es lo que hará tomar la mejor decisión



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